
Lámparas de papel multicolores se elevan en el cielo nocturno opacando a la luna y transforman todo en un cántico ancestral con notas celtas y paganas. Arpas, panderos, gaitas y guitarras. Yo soy una hechicera.
Mientras el mundo me susurra sus más oscuros pensamientos pienso en ti, lo único que hace falta para que mi vida esté completa. Y una vez más, al igual que en estos diez años, pregunto dónde estás, dónde te escondieron que no te puedo encontrar.
Tal vez seas tú lo que guarda esa bella caja de madera tallada que únicamente yo puedo tocar. Pero está cerrada, ¿y la llave? ¿A quién se la diste si no es a mí? Las sibilas putrefactas se acercan a mí en medio del bosque, estirando sus esqueléticas manos donde sostienen sus ojos llenos de sangre, y me rodean, me huelen, me aprisionan...
Y entonces aparece la luz, siempre la luz... y al despertar no estás de nuevo.