
Y habiendo sonreído a sus antepasados con los labios aún pintados de rosa oceánico, abrió sus alas a la vida y se dejó inundar por el fuego que se encontraba frente a ella. Sintió la fe renaciendo en sus entrañas junto a los escarabajos egipcios que coleccionaba de niña y recordó el viaje a bordo del submarino que la llevó a las estrellas en su adolescencia. Se zambulló en un aullido de placer y cerró las pestañas. Al final comprendió que su destino había desistido del mandato.